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  • La historia detrás de CDS

    CDS / Aniversario / Protagonistas detrás del desarrollo

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    09 / 2017
    Cumplir 60 años. No recibir inversiones de terceros, no sucumbir a las crisis nacionales, seguir creciendo en servicios y zonas de influencias.
    Haremos un breve recorrido por nuestra trayectoria, haciendo hincapié en el esfuerzo y la dedicación, únicos motores para lograr cualquier objetivo. .



    Los inicios, una visión
    Armando Menghini comenzó a trabajar desde muy joven en una quinta de su pueblo en Bahía Blanca, enfrentando las pocas posibilidades de progreso.

    Inquieto, temperamental y tenaz, pidió prestado un camión familiar y junto a un amigo comenzó a cargar bolsas en los campos vecinos para transportar hasta las proximidades de la casa principal. Luego, 2 años después, pudo comprar un acoplado para su camión, posibilitando el acceso a destinos más alejados y viajes más importantes.

    Luego, decidió dar un paso más y se reunió con el dueño de una empresa que transportaba ganado para ofrecerse como chofer, siempre y cuando le alquilara una jaula para transportar el ganado en pie, compraría un camión nuevo para trabajar juntos.

    Contó con eso y su viejo camión fue entregado como parte de pago por el nuevo. Aunque había un problema pasarían 6 meses hasta que recibiría la nueva unidad. Por eso, la mejor solución era aventurarse en esta nueva tarea como chofer. Con el camión de un amigo, comenzó a transportar ganado desde Bahía Blanca hasta el interior de la provincia o hacia Capital Federal.

    Como en la primera época a bordo del camión cualquier viaje que otro rechazaba, terminaba haciéndolo él, cuando no sobraban viajes, el dueño de la empresa beneficiaba a Menghini con más trabajo. Estos viajes extras posibilitaron que terminara de pagar la unidad, ahorrando hasta el último centavo. Así, aquel joven, que no superaba los 60 kilos, realizaba viajes de 2 días de duración, con una lata de duraznos como único alimento.

    Mucho trabajo, pero finalmente Armando consiguió su flamante camión… Y un camión era mucho más que un camión. Era la posibilidad de cumplir nuevos sueños, concretar nuevas oportunidades. Y si hay algo que abunda en el camino de los sueños son los contratiempos.

    “Cuando yo empecé con el camión jaula, tomaba cualquier trabajo porque tenía que terminar de pagar el camión. Por ejemplo, a lugares como Macachín no quería ir nadie porque el camino era de tierra, entonces me llamaban a mí. Yo hacía todos los viajes, los lejanos y los cercanos, los fáciles y los complicados. Valió la pena el esfuerzo, porque años más adelante cuando comenzó a caer el trabajo, el dueño de la empresa me ofrecía más viajes a mí que a los otros choferes. La vida siempre te devuelve lo que le das”, señala Armando Menghini.

    En esa época viajaba los 687 km que separan Bahía Blanca de la Capital Federal bordeando pueblos, durmiendo a los costados de la Ruta 3, para que la carga llegue en tiempo y forma.

    Casi en simultáneo conoció a una chica que hoy es su esposa, en una de las pocas noches de descanso que pasaba en su ciudad natal.

    Una noche, Víctor Masson, el padre de la chica, quien comprobó su trabajo y esfuerzo desmedido, le ofreció que abandonara esas jornadas agitadoras transportando ganado y sugirió que se uniera a su empresa, transportando mercaderías hasta Comodoro Rivadavia. Después de analizarlo con minuciosidad, decidió trabajar un mes más con el ganado y comenzar sus viajes al sur.

    Sin saberlo, estaba poniendo la piedra inicial en Cruz del Sur.



    Los grandes saltos en CDS.


    Surgió el deseo de mayores logros, de avanzar y construir algo distinto.

    Armando comenzaba una nueva etapa que consistía en transportar mercadería desde Bahía Blanca hasta Comodoro Rivadavia, donde su suegro tenía un socio que recibía las cargas
    Para este nuevo desafío, a su reciente camión le puso un acoplado y comenzó a hacer los viajes hacia Comodoro Rivadavia. Este viaje era más largo: 1169 km, también por la ruta 3, pero con paisajes cada vez más áridos, característicos de la zona costera de la Patagonia.

    Los viajes transcurrieron y Masson le hizo otra propuesta. Proporcionarle un camión Fiat que acababa de adquirir y que él le diera el suyo a un chofer nuevo. En rigor de verdad, la idea no le atrajo mucho, pero otra vez los argumentos fueron los suficientes como para que comenzara a rodar por la ruta 3 en la nueva unidad.

    En aquella época, los viajes más frecuentes eran, partiendo de Bahía Blanca hasta Comodoro (al sur) o Buenos Aires (al norte). Aquellos viajes eran una mezcla de arduo trabajo y de naturaleza en su estado más puro. Cargar cada camión demandaba entre 4 y 5 días y los choferes debían permanecer en el campo durante ese tiempo, durmiendo a la luz de la luna si era verano o dentro de la cabina, si el frío así lo disponía. Respecto a la carga, cabe destacar que en esos tiempos se realizaba de manera manual, atándose los fardos de 300 kilos a una soga y subiéndose al camión mediante una polea hecha con tablones. En la actualidad, ese trabajo se realiza con grúas específicas.

    Así pasó el tiempo y los viajes se sucedían. El noviazgo marchaba “viento en popa” y la vida no presentaba mayores sobresaltos para este chico que apenas si llegaba a los 20 años de edad, pero que ya había recorrido varios kilómetros en su vida.

    El esfuerzo, la dedicación y la conducta del joven pronto lo arrimarían a una propuesta irrechazable. Era muy evidente que aquel muchacho “tenía pasta para más”. Masson pensó que lo mejor era que se haga cargo de la oficina de Buenos Aires. Esto implicaba dos movimientos clave: por un lado, dejar su ciudad y, por otro lado, abandonar el camión. Su suegro logró convencerlo y esa tarde se contactó con el encargado de la terminal en capital y le comunicó que su yerno estaría viajando para hacerse cargo de la operación.

    Armando Menghini llegaba a Buenos Aires 2 días después con una valija llena de sueños dispuestos a cumplir, sin reparar en cómo debía hacer para lograrlo.

    La historia de Cruz del Sur comenzaba a delinearse. .



    Adiós Pampa mía


    Llegó desde Bahía Blanca a la estación de micros de Constitución. Se dirigió hasta el galpón de la Avenida Brasil, en el barrio de Parque Patricios, donde lo esperaban 5 empleados. Allí, no solo iba a trabajar sino también a vivir, en una habitación junto a la oficina donde tenía un colchón y un juego de sábanas.

    El comienzo fue difícil. Al vacío del desarraigo, se le sumaría la cantidad de cosas por aprender. Hasta ese momento, etiquetar paquetes, confeccionar guías, preparar hojas de ruta, eran tareas poco familiares que debía aprender rápidamente. Por eso, una vez que se atendía el último cliente y que la gente abandonaba el galpón, Armando se duchaba y comenzaba su aprendizaje diario. Recorría el lugar, leía, observaba. .

    Asimismo comenzó a circular los negocios con potenciales clientes, además de continuar con las tareas habituales. Los fines de semana, viajaba a Bahía Blanca.

    Alrededor de 3 años duró esta vida, entre micros y camiones .

    El trabajo comenzó a crecer y al poco tiempo se alquiló otro local, próximo al de la Avenida Brasil. El mundo del transporte por aquellos años era bastante conservador. Las empresas tenían tarifas similares y una encomienda que salía de Buenos Aires un lunes llegaba a Comodoro Rivadavia cuatro días después. Todos ofrecían lo mismo y nadie exigía más. Armando empieza a replantearse el negocio y a pensar cuestiones básicas de la actividad.

    Entonces pensó una mejora muy arriesgada. La propuesta era de una sencillez grandiosa pero no por eso menos revolucionaria. Si en lugar de transportar 30.000 kilos por viaje, transportaban 10.000, en camiones más pequeños y con choferes que se alternen para conducir, lo que antes demoraba 96 horas en llegar, podría llegar en 36 horas.

    A los pocos días, cargó un camión con quince mil kilos, se subió junto a otro chofer y partió rumbo a Comodoro.

    Treinta y seis horas después llegaba a destino y otro capítulo comenzaba con el servicio expreso.



    Una nueva etapa

    Al poco tiempo, incorporaron a la flota camiones más livianos, que soportaban menor carga y que hacían más sencillo este nuevo servicio.

    Mientras en Capital las cosas estaban organizándose paulatinamente, Armando viajó a Comodoro en busca de nuevos clientes. Confiaba en su nuevo producto y sólo necesitaba hacerlo conocer.

    La clientela se hizo importante. Todos los días, a las 6 de la tarde, un camión salía hacia Comodoro Rivadavia y muchas veces, no alcanzaba. Entonces se agregó otro servicio diario.

    Por aquel entonces, Víctor decidió dar un paso al costado de la empresa. Veía en su yerno a la persona capaz de continuar lo que había comenzado algunos años antes. Armando quedaba ahora a cargo.

    Los 2 galpones de Parque Patricios comenzaban a quedar chicos y el caudal de trabajo comenzó a saturar la parte administrativa. Fue entonces cuando comenzó a investigar acerca de las ventajas de la informática y evaluó la compra de una computadora para facilitar los procesos. Estamos hablando del año 1973. Hablar de computadoras en esa época era poco menos que ciencia ficción.

    Después de una búsqueda ardua, Armando notó una computadora que tenía el triple de capacidad que la empresa necesitaba. El inconveniente llegó cuando la cotización por aquella máquina era similar a la de un camión 0 kilómetro. En aquel momento, como ahora, un camión valía mucho dinero. Viajó a Comodoro para hablar con sus socios de las ventajas de informatizar los procesos y volvió del sur con un sí como respuesta.
    Cruz del Sur entraba en la era digital antes que sus competidores directos hubieran escuchado hablar de una computadora.



    Expansión y crecimiento

    Ya no alcanzaban 1000 m2 para manejar el caudal de trabajo que tenían. Necesitaba volver a apostar a futuro. Salió con el auto en busca de aire fresco. A los pocos minutos, al doblar por la calle Castro, en Constitución, se encontró con un terreno debajo de la autopista que le llamó la atención. No sólo el terreno le llamó la atención, también el cartel de “ALQUILA” y que la inmobiliaria estuviese a pocas cuadras de ahí.
    Fue a la dirección que había visto en el cartel y averiguó los requisitos solicitados. Esa misma tarde estaba firmando el contrato de alquiler. El salto era descomunal. El nuevo lugar tenía 10 mil metros cuadrados (10 veces más). Así, 2 meses después, se inauguraba la nueva planta de trabajo.
    El tiempo de expansión recién comenzaba.

    Crecimiento en el Interior
    Entrando a finales de los 80 eran épocas duras para la Argentina. La empresa ya contaba con sucursales en las ciudades neurálgicas del interior y todavía faltaba incorporar más.

    En 1990, Cruz del Sur decide abrir una nueva sucursal en la ciudad de Neuquén. Además, el comienzo de la década provocó otra ampliación vital en la historia de Cruz del Sur: la fusión con Transportes Santa Cruz. .

    Los primeros meses fueron de cambios radicales. La carga comenzó a demorar la mitad de tiempo en llegar de Buenos Aires a Río Gallegos o Puerto San Julián. Aquí se comienza a utilizar el nuevo depósito de la calle Loria, en la Capital Federal.

    Los 4 días que tardaba un camión en surcar la Patagonia, se redujeron a la mitad. Las unidades comenzaron a partir con más frecuencia de la habitual. El cambio ya se había concretado.

    El depósito de la calle Barros Pazos era usado para las devoluciones de mercadería, el de la calle Loria, se usaba para el grueso de envíos y el de la calle Castro para el resto de la carga.

    Al poco tiempo se sumaron las sucursales de Esquel en Chubut, Bariloche en Río Negro y San Martín de los Andes, en Neuquén.

    Fue entonces cuando se decidió vender los camiones a los choferes. De esta manera, Cruz del Sur dejaba de tener un gasto fijo mensual de mantenimiento y los camioneros tendrían la oportunidad de comenzar su propio camino dentro de la empresa. De esta forma, la empresa vendió su flota y sus choferes se convirtieron en proveedores, pagando su adquisición en cuotas, con su propio trabajo.
    A pesar de las obligaciones que se iban acumulando, Armando seguía teniendo un trato particular con cada uno de sus empleados y era habitual que llegara a alguno de los depósitos al mediodía, preguntara cuántos eran los comensales y quién sería el asador para comprar el almuerzo.

    Las sucursales seguían abriéndose. Al poco tiempo se sumó el transporte de productos refrigerados (hoy esa unidad se vendió), bajo el nombre de Transportes del Valle, en Garín con depósito de logística.
    Tener el trabajo tan disgregado no era del todo funcional y la empresa necesitaba nuclear todas las unidades en un solo lugar. El Mercado Central, ubicado a 20 minutos del Obelisco fue el lugar indicado para instalarse.
    Las opciones eran enormes en cuanto a los metros cuadrados disponibles para infraestructura, abrir el Centro de Operaciones Logísticas (COL) era una operación arriesgada. En plena crisis nacional y con la economía parada, Cruz del Sur decidió seguir con su plan y unificar todos los depósitos a las necesidades operativas para continuar con el desarrollo futuro.

    Esa decisión fue crítica. A partir de eso momento, la empresa tuvo un crecimiento continuo y acelerado.



    CDS HOY, 60 años después

    Mirar atrás es importante para nunca olvidar. Para seguir adelante, buscando nuevos desafíos, mediante los mismos valores fundantes, claves para el fortalecimiento del futuro.

    Después de 60 años, seguimos creciendo en forma constante, descubriendo nuevos destinos y desafíos, teniendo siempre vigentes los objetivos que Víctor Masson anhelaba y que Armando Menghini junto a sus socios -Emilio Aguirre y Ernesto Duserre- concretaron.

    Hoy, somos uno de los principales prestadores de servicios logísticos integrales de la Argentina que asiste a la industria, al comercio y a los particulares en sus intercambios a nivel país.

    “Este no es un aniversario más. Muchos son los obstáculos que estamos enfrentando, siempre con el mismo compromiso, siempre con la misma convicción.

    Hace muchos años, cuando arrancaba en esta empresa, estaba seguro de una cosa: a través de mi trabajo podría lograr grandes resultados. El tiempo sigue favoreciendo esa conclusión temprana.

    Hay que seguir mirando hacia adelante, poniendo el corazón en lo que hacemos. Porque esa es la única fórmula en la vida para que las oportunidades nos encuentren.

    Somos personas con sueños y obligaciones, haciendo posible que esta “máquina” funcione cada día. Muchos están con nosotros desde los inicios y muchos ya conocieron a Cruz del Sur como ahora, en expansión.

    Evolucionar y crecer en tiempos difíciles es complejo, pero aún más arriesgado es no intentarlo.

    En 1957 nuestra empresa era apenas una gran iniciativa. Eso no detuvo las apuestas. Al contrario. Determinó con certeza que vinculando disciplina, competencias de trabajo apropiadas y liderazgo, cualquier proyecto puede ser posible.

    Así, logramos el primer servicio expreso que unió Buenos Aires / Comodoro Rivadavia en 36 horas, en una época de caminos de ripio.

    Nuestra constante búsqueda de procesos de mejora, evolución e innovación, significó el desarrollo de una amplia gama de servicios que priorizan la atención al cliente y la calidad a través de unidades de negocio bien definidas: División Transporte y Distribución, División Logística Integral y División Minería.

    Forjamos una sólida presencia a través de una exclusiva Red de Sucursales compuesta por 74 terminales. Más de 5200 localidades atendidas reafirman nuestro estratégico Servicio Interzonal, vinculando miles de ciudades y pueblos y descentralizando nuestra red.

    ¡Gracias por acompañarnos con tu elección, por confiar en nuestro servicio, por tu aporte y por cada uno de tus envíos, indudablemente los motores de nuestro desarrollo desde 1957!”, comparte Armando Menghini, Presidente de CDS.

    El engranaje es descomunal. Hubo que atravesar paradigmas, resolver encrucijadas, prepararse para crecer. Asumir riesgos.

    Cada día, desde cada sucursal, desde cada punto en los que nos desenvolvemos, nos preparamos para recibir a nuestros clientes. Todos juntos, conformando un gran equipo que empuja hacia adelante para sortear los obstáculos. Las dificultades nunca escasearon (aún hoy), pero si somos capaces de identificarlas, reconociéndolas como alternativas para fortalecer “la ruta”, esa que intuimos conquistar, sabemos que todo estará bien.

    Felices 60 años de trabajo juntos.